martes, 13 de octubre de 2009

Godfellas


Por costumbre, las cintas que involucran el ascenso y caída de los mafiosos (el “Gangster Movie”) son entramadas, absorbentes, drástica y cuya tonalidad en la conclusión siempre depende de diversos factores, como si se trata de una historia real, que tan malicioso era el protagonista, hasta donde la historia le cobrará sus delitos, por decir algunos.
Scorsese, quien ha entrado en ese género en varias ocasiones (y con gran capacidad) respeta mucho a sus personajes, hasta les profesa cierta admiración. Sin embargo, desde un inicio plantea su caída. Buenos Muchachos (Godfellas, 1990) es un claro ejemplo de ello. Desde que vemos al joven Henry sabemos que va a triunfar, que conseguirá escalar jerárquicamente. Pero al mismo tiempo sabemos que va a pagar todo lo que va a narrar. Henry (Ray Liotta) es la voz guía en la historia, es el narrador. Cuenta sus pericias, sus astucias. Lo maravilloso que era ir a cenar al restaurante más lujoso de la ciudad, sin hacer fila, aun cuando no hubiera mesa disponible, ser recibido con una botella del vino más caro y que el cantante en turno le dedique la siguiente pieza. Al escucharlo, también lo vemos. Y al escucharlo, sentimos la misma emoción que Henry al describir la vida “fácil” que él llama. Lo divertido de su oficio. Es por momentos tan envidiable su vida, que nos muestra la conclusión, la caída de este personaje. Cerca del final, Henry como narrador, se dirige a la cámara, directamente a nosotros como espectadores y nos dice “pero todo acabo”. Su última narración refiere a la comida tan miserable que ahora tiene que probar.
No siempre el narrador tiene que ser el personaje principal. Un ejemplo es Sueño de Fuga (The Shawshank Redemption, 1994). Basado en un cuento corto de Stephen King, el personaje principal es Andy Dufresne (Tim Robbins) un contador que es acusado de asesinar a su esposa y amante, por lo que es enviado a prisión una buena cantidad de años. Dentro de la prisión, conoce a Red (Morgan Freeman), quien será su mejor amigo. Es Red quien narra toda la historia (en voz en off) incluso en los momentos en que no esta a cuadro. Red, como nosotros, desconocemos mucho de la faceta de Andy, que piensa, que esta planeando. Andy se muestra mucho tiempo distante, inmerso en sus pensamientos. Al final comprendemos porque es Red quien narra la historia. Si el director Frank Darabont hubiera tomado a Andy como narrador de la historia, no se generaría el misterio, ni el suspenso, y mucho menos la sorpresa del final. El recorrido de Andy por la libertad logra ser tan emocionante por el recorrido de la cámara que lo seguía, acompañado de la voz de Red.
La sutileza en el movimiento de cámara también es fundamental en ambas historias. Mientras que en Sueño de Fuga, a Andy la cámara lo vanagloria, con lentitud y suavidad, en Buenos Muchachos, la cámara sigue a Henry con cierto frenesí. Scorsese suele mover la cámara conforme avanza la secuencia, lo que le brinda fluidez a la situación, incluso es más orquestral. La secuencia del bar, cuyo plano secuencia aunque acelerado, permite y da tiempo a la narración de presentar a todos los personajes que se encuentran en el lugar. Ellos saludan a Henry, a la vez que saludan a la cámara, a nosotros. Scorsese opta entonces por una toma larga y fluida, que una serie de cortes y empalmes.
Algo que otro tipo de cine gansgteril utiliza mucho, por ejemplo, Quentin Tarantino. Tarantino conoce perfectamente su universo y como manejarlo. Fanatico de las películas, por encima de cineasta, su control del espacio-tiempo de cada encuadre es soberbio. En Tiempos Violentos (Pulp Fiction, 1994) utiliza en exceso los cortes y la edición veloz, en especial en el episodio que involucra a John Travolta y Uma Thurman. La situación se plantea de esa manera. Travolta es un matón que saca a pasear a la esposa de su jefe para que ella no se aburra. Pero es la esposa del jefe y además es muy guapa. La tentación que sufre el personaje de Travolta y su sufrimiento es transmitido al espectador en la edición. Una conversación entre ellos, pero nuna hay un encuadre que los muestre juntos, siempre es un corte a él y uno a ella, plano y contra plano.

Manteniéndolos así, se trata de mostrar una distancia respetuosa entre ambos. Esa edición logra que exista una distancia entre ellos. Y el personaje de Travolta también esta destinado a la perdición. Algo que valdría la pena revisar en el gran ejercicio de Ridley Scott llamado Gangster Americano (American Gangster, 2006). Otro ejemplo de buen cine gangsteril, con ascenso y descenso incluído.
Sin duda esas historias son atractivas, forman parte de la vida de las personas. Y tratan de aleccionar sobre las consecuencias de nuestras decisiones. Menos mal que el precio que han de pagar, lo pagarán aunque no lo quieran.








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