jueves, 11 de julio de 2013

Cineclub el Túnel PRESENTA: Machuca, de Andrés Wood.

Habría que morirnos para reconciliarnos


Andrés Wood (Chile,1965) es reconocido hoy en día como uno de los directores, chilenos, más relevantes de la última década. Su trabajo, hecho desde su visión e intereses personales, con características, que si bien surgen principalmente de su propia vida, resultan nacionales y hasta universales, plasma en seis largometrajes (Historias de fútbol-1997, El desquite-1999, La fiebre del loco-2002, Machuca-2004, La buena vida-2008, Violeta se fue a los cielos-2011), temas que hace mucho parecían haber desaparecido del cine Chileno.

En una entrevista donde, tratando de desmarcarse de las opiniones que lo consideran como un director referente para la historia reciente del cine chileno posterior a la Dictadura de Pinochet, se califica a sí mismo como "El más joven de los viejos y el más viejo de los jóvenes", al ubicarse en una especie de "generación intermedia" entre: el cine realizado por chilenos en Chile durante la dictadura y fuera de Chile desde el exilio, y la nueva generación de cineastas Chilenos jóvenes que vivieron la "vuelta a la democracia" -recordemos que con el golpe de Estado y la llegada de la Dictadura, se cerraron las carreras universitarias de cine, el financiamiento estatal y el acceso a las cinematografías de otros países, lo que significó entre otras cosas que dentro de Chile sólo se produjeran en 17 años, 7 largometrajes, y el cine chileno que se había desarrollado ya con una clara misión identitaria, con una visión y construcción estética propia, con inquietudes específicas, políticas, artísticas y sociales y con miras a formar toda una industria nacional, entrara en un periodo obscuro que sólo en los últimos años parece estarse iluminando, en parte, gracias al trabajo de realizadores como Andrés Wood.

Andrés Wood, fanático del fútbol -tema muy presente en sus películas y tema principal de su primer largometraje- estudió Economía en la Universidad Católica de Chile, sin embargo como él mismo cuenta, sus intereses, primero por la fotografía y después por el video, lo llevaron a estudiar cine en la Universidad de Nueva York en 1990 -coincidente quizá que ese año haya sido el año del término de la Dictadura en Chile- para después volver a su país y comenzar con su producción, primero dirigiendo cortometrajes y después en proyectos que primero se visualizarían como series de Televisión y que lograrían dar el paso a las grandes pantallas y a los festivales de cine, como fueron los casos de Historias de fútbol y El desquite, en donde retrata temas y personajes marginales y contradictorios, en cuanto a que tratan de ser "reales", al rededor de situaciones que los posicionan fuera de la sociedad o del sistema (del fútbol profesional por ejemplo en el caso de Historias de fútbol) a la vez que plasma diversas visiones sobre Chile, geográficamente, socialmente, culturalmente y políticamente, al retratar, por ejemplo en El desquite, una visión del campo chileno de la primera mitad del siglo XX.

Le seguiría La Fiebre del loco, película que Wood, declaró, podría considerar como su primera película, ya que fue el primer largometraje que concibió desde el inicio del proyecto directamente para ser vista en la pantalla grande, esto en parte a las buenas críticas y premios que le merecieron sus primeros trabajos internacionalmente y a la ayuda de la co-producción con otros países. Le seguiría Machuca, de la que hablaremos más adelante, La buena vida, que no tendría mucho éxito comercial pero con la que ganaría el premio Goya a la Mejor Película Extranjera Hispanoamericana 2009, y su más reciente película, Violeta se fue a los cielos, primer película de ficción sobre el ícono chileno Violeta Parra.

"Yo robo la realidad siempre, yo no invento nada"


En 2004 Wood dirige Machuca, película que proyectaremos este Martes 11 de Julio en el Cineclub El túnel del Teatro Popular José Recek Saade, y que es en parte el pretexto para escribir este texto. Machuca, es vista en general por la crítica, como la película más importante de este director chileno, no sólo por su calidad, si no por retratar, y rescatar, un tema tan importante para la historia de Chile y América Latina, y que además obtuvo un gran éxito comercial en Chile y a nivel internacional; también es conocida por ser la más autobiográfica de sus películas hasta el momento. 

"Machuca la hice muy de memoria", dice recordando un poco el proceso de realización, los detalles que construyen la película, por momentos, dan la impresión de ser recuerdos muy claros de elementos presentes en las calles, las personas, y en general, en ese Chile a punto de quebrarse, entre el final del gobierno de Salvador Allende y el inicio de la Dictadura, una memoria personal que Wood complementa y reconstruye, también a partir de los testimonios de sus compañeros de escuela, además de una ardua investigación que resulta evidente en la película, estos elementos forman la base sobre la que se desarrolla la historia de Pedro Machuca y Gonzalo Infante, dos niños que se hacen buenos amigos cuando estudian juntos en el mismo colegio, el colegio Saint Patricks (el Saint George's College en "la vida real"), gracias a un experimento educativo impulsado por el director del colegio, el padre McEnroe, que inscribe en el colegio a un grupo de niños de los barrios marginales de Santiago, para que así todos juntos sin importar su clase social, reciban educación y aprendan a respetarse en el camino.

Wood declara que eso fue lo que sucedió con él, su mejor amigo de la infancia era de una clase popular y lo conoció gracias a ese experimento, "todo lo que soy viene de ahí", son "las raíces de mi opción política, mi opción por el cine, mi opción por las personas". De alguna manera Wood trata de transmitir lo que sintió al respecto de ese experimento y lo que significó para su vida "perderle miedo al diferente, al otro" y así plasmar personajes que puedan entenderse desde sus contradicciones, mismas que hacen que sean personajes "particulares", verosímiles y humanos.


Pedro y Guillermo, quien es fanático de las historias del Llanero Solitario -detalle no gratuito, si tomamos en cuenta que el mejor amigo del Llanero era Toto, un nativo americano-, construyen su amistad, primero con reservas y permitiéndose, poco a poco, entrar en la vida del otro y permitir la entrada del otro en la propia, sin dejar que las diferencias de clase resulten un impedimento para su relación, la cual van construyendo en medio de la agudización de las diferencias sociales y divisiones políticas en su país y los problemas familiares de cada quien. Pedro y Guillermo, incluyen en esta aventura a Silvana, vecina de Machuca, que vende banderines tanto contra Allende como a favor del presidente, y con quien también experimentarán una especie de "primer amor".

El golpe de estado en Chile, es un tema que el mismo Wood reconoce como "muy vigente en Chile, aunque haya gente que no quiera que exista", haciendo alusión a una vuelta a la democracia en la que "se han tapado muchas cosas" y que, en su opinión, el cine de los últimos años está cuestionando.


Debido a que durante la Dictadura chilena se frenó la industria cinematográfica en general, todavía a principios de los 2000 había pocos actores profesionales, por lo que todo el elenco infantil estaba conformado por no actores, con los que Wood trabajo intensivamente meses antes de comenzar el rodaje, el cual se realizaba sólo los domingos, debido al bajo presupuesto con el que contó para hacer la película, sin embargo, la calidad visual y actoral en el filme es de remarcarse.


La filmografía de Andrés Wood, y Machuca en particular, significa para el cine Chileno, una vuelta a las raíces del cine de los años 60 donde los realizadores se encontraban descubriendo a través de los cineclubes universitarios nuevas formas de hacer cine para construir una memoria visual propia, construyendo lenguajes propios sobre temas propios, esfuerzos que serían truncados con la llegada de la dictadura. En Machuca, Wood recupera la memoria -sin que las circunstancias problemáticas para hacerlo hayan cambiado mucho de aquella década: pocos recursos, falta de exhibición y pocas posibilidades de competencia ante la arrolladora oferta comercial estadounidense- rompe el silencio en el cine Chileno, y lo hace de manera efectiva, contundente, personal, directa y terrible, además, con una calidad y honestidad excepcionales, en un momento que, aún ahora 9 años después de estrenada la película, pareciera, más que pertinente, urgente.

Isabel Jiménez para CCINEMEDIA





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